
Ya no queda esperanza
para el deshaucio del último horizonte.
Y ahora...Festejar la extinción
es el inevitable sacramento
que nos permite perecer en paz.
Será mejor que asfixiemos el aullido
que asoma a nuestro corazón (destartalado)
rebosando locuras.
Antes de que en sus noches de plata
se nos cuaje en el alma
el estigma caprichoso del amor.
Mejor ahora
que tu boca es un pasillo helado
que transita hacia la delgadez de las estrellas.
Ahora...
Que mi hambre de infinito
ha elegido inmolarse
en una caracola del recuerdo,
antes que agonizar en tu deshabitada frigidez.
Será mejor ahora,
que mi noche es de plomo.
Ahora que tu mirada
se ha quedado sentada en el atardecer
y dibuja mi espalda desnuda
hundiéndose allá, tan lejos...
en el ojo del mundo.
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