
Hay un pequeño dios en ti
que me respira en el oído
cuando tiemblo…
Lo descubro en tu modo
de alzar las manos a las sombras,
en tu manera…
de ignorar a la muerte.
Al fin y al cabo un dios
es sólo un hombre…
al que vemos inmenso
a través del cristal,
a través de la luz,
a través de la tierra…
Un hombre que no habla del miedo
y que camina siempre sobre olas
y sobre terremotos
como si fueran flores.
Al fin y al cabo un dios
es sólo un hombre…
que sabe estar desnudo
entre la multitud
sin que nadie le hiera,
desnudo en soledad
sin que nada le cubra.
Hay un pequeño dios en ti
que me besa en los hombros
cuando caigo.
Lo descubro en la luz que llena este silencio.
En todas esas huellas… que no dejaste en mi.
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