
POR SI ACASO
¡Tápate el alma al atardecer!
¡No salgas así a la noche!
¡Mira…! que este palpitar
de ausencias y adoquines torcidos
te enfría la garganta
y te cala… hasta los huesos del alma.
Échate por encima, por ejemplo,
un cuento de tu abuela.
O las manos arrugadas y calientes
de la tía Dolores preparando la leche.
Cúbrete el corazón, por ejemplo,
con la mirada de madre de aquel día
en que no dijo nada
y te estrujó en su pecho.
¡Tápate el alma… y, por si acaso…
Tapa también tus ojos.
¡Mira…! que esta luz de los lunes de enero
se te puede quedar dormida en las pestañas
para siempre
y convertirte, de modo irreversible,
¡Tápate el alma al atardecer!
¡No salgas así a la noche!
¡Mira…! que este palpitar
de ausencias y adoquines torcidos
te enfría la garganta
y te cala… hasta los huesos del alma.
Échate por encima, por ejemplo,
un cuento de tu abuela.
O las manos arrugadas y calientes
de la tía Dolores preparando la leche.
Cúbrete el corazón, por ejemplo,
con la mirada de madre de aquel día
en que no dijo nada
y te estrujó en su pecho.
¡Tápate el alma… y, por si acaso…
Tapa también tus ojos.
¡Mira…! que esta luz de los lunes de enero
se te puede quedar dormida en las pestañas
para siempre
y convertirte, de modo irreversible,
en un sauce
o en un viejo violín.
o en un viejo violín.
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