
Muérdeme aquí,
aquí…en el centro.
En donde duele más la vida.
Muérdeme en esta esquina silenciosa del alma.
En el desierto inerte de mis huesos.
Aplasta con tu boca este vacío
y saborea… toda la esencia amarga
de mi dolor estéril.
Hay golpes que te dejan un dibujo morado pudriéndote la carne... Los besos del odio. Son más fuertes que los del amor. Pero igualmente se curan con el paso del tiempo… Otros no se te quedan en el cuerpo, pero rebotan en la cabeza sin que sepas, de dónde puede haber venido su eco a zumbar en tu cerebro. También hay golpes que se los da uno mismo con cierta inercia torpe y masoquista... Pero es esa, una mutilación voluntaria, inevitable e imprescindible.

(fotografía: "Vértigo" de José Marcos Ramos. ¡Gracias, Jose!)