Tuesday, February 17, 2009

LA VECINA DEL QUINTO


lA Vecina del Quinto




El drama siempre ocurre
de improviso…
De repente tu casa
se torna en una isla,
y el abrazo en un yugo.
Y tu alma se pierde
y no contesta al móvil.

Entonces uno grita…
algo que ya gritaron antes.
Algo que sabe que nadie
gritaría por él.
Pero sólo responden
un temblor en la luz de la farola
y un gato oportunista
que pasa por allí.

¡Todo va tan deprisa
desde la zona oscura!

El desahucio progresa sin remedio.
El paquete de café se ha terminado.
Los sueños se descuelgan de las estanterías
y te llenan el suelo de cristales
y de flores amargas.
La gotera no cesa… no cesa.

Ha vuelto a visitarte el hombre negro.
Fornicó con tu útero,
te empeñaste en pagarle
y vomitó en tu boca.

Todos sabían que esto
Terminaría así…
Pero vendrán mañana.



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Monday, February 02, 2009

ESTÁBAMOS LOS DOS ENTRE LA NIEBLA



Estábamos los dos entre la niebla.


Yo escuchaba tu aullido, en algún punto
de la selva del sueño y de las rosas.
Te dolía la Luna como a mí.
Te dolía su luz, su redondez de templo…
Su belleza enquistada entre tu oscuridad.

Estábamos los dos entre la niebla.

La soledad era un encuentro silencioso
con la duda, con las paredes del mundo,
con el inútil sexo de la desolación.

Tu escuchabas mi aullido en algún punto,
mi amanecer de crines y de orugas.
Mi epitafio impaciente descontando los pasos.
Mi volcán de fracasos reventando
en los ojos de Dios.

Estábamos los dos entre la niebla.

La ceguera del mundo se instalaba en las copas
de los alcornocales y nos mojaba el alma
con sus manos difusas y heladas.
Nuestra ceguera, en cambio… era una herida negra
que supuraba recuerdos y palabras
por las grietas angostas del pasado.

Estábamos los dos entre la niebla
como antiguas almenas,
como árboles muertos,
como sombras de guerra labradas en el aire.

Estábamos los dos entre una niebla
profunda y sigilosa... como el miedo.
Y la muerte no lograba derrumbarme con su ferocidad.
Pero tu olvido si.


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Thursday, January 08, 2009

Por si acaso


POR SI ACASO

¡Tápate el alma al atardecer!
¡No salgas así a la noche!
¡Mira…! que este palpitar
de ausencias y adoquines torcidos
te enfría la garganta
y te cala… hasta los huesos del alma.

Échate por encima, por ejemplo,
un cuento de tu abuela.
O las manos arrugadas y calientes
de la tía Dolores preparando la leche.
Cúbrete el corazón, por ejemplo,
con la mirada de madre de aquel día
en que no dijo nada
y te estrujó en su pecho.

¡Tápate el alma… y, por si acaso…
Tapa también tus ojos.
¡Mira…! que esta luz de los lunes de enero
se te puede quedar dormida en las pestañas
para siempre
y convertirte, de modo irreversible,

en un sauce
o en un viejo violín.


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Friday, January 02, 2009

Palabras sobre el Calor y la Distancia


Quién dice que la proximidad
o la distancia sea una suerte
que esté impresa en los mapas…

Quién sabe si no hay una lejanía interminable
de siglos y de selvas
para llegar a esos labios que ahora rozan los tuyos
con un sabor amargo de dudas y secretos.

Podríamos decir tú y yo que estamos cerca
cuando nuestro silencio tiene un mismo ingrediente,
cuando nos envenena a los dos una vieja desazón.
Y se retuercen de idéntica manera
los frutos arrugados de nuestra ingenuidad.

Puede ser que tú vivas al final de la calle,
o más allá de interminables masas oceánicas.
Ese simple detalle no nos importa ahora…
Porque a tu verdadero hogar y al mío
se entra, tan sólo, cerrando bien los ojos.
Dos almas atormentadas que descienden
Vertiginosamente por su historia
asidas a las mismas palabras
a los mismos rayos rojos del último sol.

Sé que los dos esgrimimos las manos elevadas
como armas primitivas.
Por nuestras venas transitan palabras de la sangre
que endurecen la mente
(y que hacen arder el alma de los sauces).

Nuestras vidas huyen juntas… cada una en su reloj…
Una instalada en tu cuerpo (la otra en el mío)
A veces son presas del mismo pánico.
Y otras son aves lentas que sueñan
sobre nuestra carne vacía y luminosa.

Conozco los sonidos que te han hecho feliz,
¡Ojalá tú también afirmaras conocer bien los míos!
A veces siento con certeza que existes
a pocos metros de mi. Escucho el dolor de tus ojos.
Imagino tu piel.
Sé que estamos muy cerca.


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Monday, November 24, 2008

Me acordé de ti en el rompeolas


ME ACORDÉ DE TI EN EL ROMPEOLAS

¡Y qué más da que la piedra
se alce infinita, ahora,
como una espuma muerta en el instante.
Y esconda en su silencio
el fracaso de un alma que sucumbió a otros sueños…!

Y qué más da que oculte ruiseñores
que no quisieron nunca ser gaviotas.
Pequeños nidos de miedo
cristalizados en la misma profundidad oscura
en que nacieron
(hace ya casi un mundo).

Nada dirán los siglos
a través de sus labios de granito.
La voz del agua es siempre diferente…

(como lo era el tacto de tu mano).



Quién podría reparar
en mi dolor mojado, descarnado…
que rueda (como si fuera brisa)

por las rocas.

Las nubes viajan en las últimas redes.
Y yo pienso que el cielo se ha quedado vacío
sin la sombra quebrada de tu espalda.


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Saturday, November 01, 2008

Una imagen del cielo


”Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.”

Alejandra Pizarnik (Caminos del Espejo)




Detrás del espejismo, del tapiz de la lluvia:
la vida… que dibuja el contorno de la serenidad.

La alegría más íntima no quiere cascabeles,
no necesita voces prodigiosas.
Es un silencio pequeño, emocionado.
Que nos ha traído el viento, sin motivo,
en una tarde lánguida de otoño.


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Noche de difuntos


El miedo de esta noche
es un ratón pequeño, que celebra su fiesta
sobre la excitación de nuestra oscuridad…
y los fantasmas son un lienzo de sombra
que cubre nuestro temblor…
(lo transforma en un juguete noctámbulo).

No hay difuntos ni recuerdos de difuntos…
Sólo hay vivos presentes y vivos ausentes.
Sólo hay algunas personas que ya no están.
Y que tal vez quisiéramos
que palpasen nuestras vidas
desde esa distancia extraña
que nos separa ahora…
que imaginamos tan fría.

Hay veces, en que pudiéramos pensar
que hay algo en su espíritu
que ha trascendido el biológico proceso.
Algo de ellos que roza aún nuestra alegría
y nuestro dolor.
Algo que permaneció caliente
(pese a la degradación de los tejidos)
y que quiere formar parte de nosotros.


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